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Sunday, March 2, 2014
Monday, February 10, 2014
Saturday, February 8, 2014
Palabras de Maria Luisa Guerrero en la Exposición Intus Abstractum
Hay un cariz artesanal en las obras de Manuel Lince que contrasta con la meticulosidad de sus formas, una suerte de inocencia con madurez que habla de una búsqueda continua, de encuentros e insatisfacciones que constituyen su aliento vital.
Los alquimistas se obsesionaron con la obtención de lo básico, reducir el universo a lo puro, dar con las fórmulas esenciales que abrían las puertas de las dimensiones; hallaron de todo menos las respuestas que corroían sus mentes; Lince no es un alquimista, pero transmuta con mejor suerte; sabe que debajo de todo, en el núcleo de las cosas están las piezas originales que como bloques se unen y crean el resto de lo que llamamos realidad: ha descubierto que en el centro está la materia esencial, el barro primigenio que amasado bajo la técnica de sus manos deja el absurdo para ser significado.
Recorta, quita, pega, delinea. levanta relieves, construye, atraviesa, empalma, cuelga, perfora, asocia incansablemente para armar equilibrios, para conformar síntesis de totalidades que se incrustan en el espectador, inquietándolo, sacudiéndolo: por que la obra de Lince inquiere, demanda identidad, se adhiere haciéndonos sus cómplices.
Con su obra Manuel abre puertas y ventanas, señala caminos e ilumina la profundidad elusiva de nuestro interior, invitando sin remedio a plantear la antigua duda: Quienes somos? Por ahora, hasta hoy, no definitivo pero si genuino, este es Manuel Lince
Hay un cariz artesanal en las obras de Manuel Lince que contrasta con la meticulosidad de sus formas, una suerte de inocencia con madurez que habla de una búsqueda continua, de encuentros e insatisfacciones que constituyen su aliento vital.
Los alquimistas se obsesionaron con la obtención de lo básico, reducir el universo a lo puro, dar con las fórmulas esenciales que abrían las puertas de las dimensiones; hallaron de todo menos las respuestas que corroían sus mentes; Lince no es un alquimista, pero transmuta con mejor suerte; sabe que debajo de todo, en el núcleo de las cosas están las piezas originales que como bloques se unen y crean el resto de lo que llamamos realidad: ha descubierto que en el centro está la materia esencial, el barro primigenio que amasado bajo la técnica de sus manos deja el absurdo para ser significado.
Recorta, quita, pega, delinea. levanta relieves, construye, atraviesa, empalma, cuelga, perfora, asocia incansablemente para armar equilibrios, para conformar síntesis de totalidades que se incrustan en el espectador, inquietándolo, sacudiéndolo: por que la obra de Lince inquiere, demanda identidad, se adhiere haciéndonos sus cómplices.
Con su obra Manuel abre puertas y ventanas, señala caminos e ilumina la profundidad elusiva de nuestro interior, invitando sin remedio a plantear la antigua duda: Quienes somos? Por ahora, hasta hoy, no definitivo pero si genuino, este es Manuel Lince
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